Después, tras un intento extraño de ir al gimnasio y ver que tras las vacaciones no estoy preparada psicológicamente para ello, me he dado media vuelta y me he venido para casa para seguir el espectáculo. ¡Ay que ver! ¡Cuánta Pantoja suelta!
Como mi rutina semanal transcurre como si fuera el programa "mi tupper y yo" me he preparado la comidita de mañana y mirando el frutero he pensado en lo extraños que son los kiwis amarillos que compré el otro día para probar. Parece que son una mezcla entre kiwis verdes de toda la vida y mango, el resultado es, ... raro... vamos, que me los estoy comiendo, pero prefiero cada fruta en su sitio.
Me he preparado un vasito de cocacola y ¡lástima! no tenía el cigarrito que acompaña (que malas son las vacaciones que te hacen fumar). Me he bajado a por tabaco a la calle y se ha levantado un aire muy fuerte, sin venir a cuento, de ese que levanta todo el polvo y las hojas del suelo y hace que se llenen los ojos de guarrería, ¿metáfora vital?.
Después de todo este rollo estoy tan ricamente con mi vasito de cocacola, mi cigarrito, la esencia de cereza ambientando, escuchando el CD grabado por "mi pianista" en RNE, sin el polvo en los ojos y desde mi habitación oigo el telediario de fondo, no más Pantojas, ¡qué ya cansan joe!
Escuchando: Elegía Op. 24. G. Fauré
2 comentarios:
Eso es que ves mucho TVE, jejeje.
A mi no me gustan los kiwis, pero mi novia si que le gustan y precisamente son los amarillos los que más le gustan.
Un blogbesico.
Verla no la veo... la oigo desde mi habitación y asi me parece un tostón... imagínate viéndola.
A mi jefa también le van los amarillos, yo pienso que mejor el de toda la vida.
blogbesitos
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