El otro día a parte del libro de fotografía de Capa elegí leer el que es mi tercer libro de Paul Auster "El libro de las Ilusiones". Me ha gustado desde el principio hasta el final, no descarto ni uno solo de sus 9 capítulos y sus 338 páginas. Auster tiene la facilidad de plasmar de forma sencilla detalles cotidianos, de esos que todos sentimos de forma similar y que pasan por delante de nuestra vista en un día normal.
En este libro trata la vida principalmente de un hombre David Zimmer y a través de el la vida de Hector Mann, un actor de cine mudo. Situaciones similares en la vida de los dos y un breve, brevísimo encuentro que parece cambiará el sentir de los personajes.
Trascribo uno de esos párrafos que me han dejado pegada al libro:
"Quedaba la cocina, el cuarto de estar, el dormitorio y el estudio. Quería sentarme a leer libro de Alma, pero no me parecía tener derecho a hacerlo sin su permiso. Ya llevaba escritas más de seiscientas páginas, pero aún se encontraba en un estado de borrador, y a menos que un escritor le pida específicamente a uno comentarios sobre una obra en marcha, está prohibido curiosear. Alma me había mostrado antes el manuscrito (Ahí tienes al monstruo, había dicho), pero no había mencionado nada de leerlo, y yo no quería empezar mi vida con ella traicionando su confianza. En cambio, me dedique a matar el tiempo mirando todo lo que había en la casa que ella habitaba, examinando la comida de la nevera, la ropa del armario del dormitorio, y las colecciones de libros, discos y vídeos del cuarto de estar. Me enteré de que bebía leche descremada y untaba el pan con mantequilla sin sal, que su color preferido era el azul (sobre todo en tonos oscuros), y que sus gustos literarios y musicales eran más bien amplios: una chica con la que me identificaba. Dashiell Hammet y André Breton; Pergolesi y Mingus; Verdi y Wittgenstein y Vilon. En un rincón encontré todos mis libros publicados en vida de Helen -los dos volúmenes de crítica , los cuatro poemas traducidos- y me di cuenta de que nunca los había visto juntos fuera de mi casa."
Nuevamente al transcribir me llama la atención una frase sobre todas las demás: y yo no quería empezar mi vida con ella traicionando su confianza.
Con casi un año de relación con el que es hasta ahora el mejor compañero y amigo que he tenido jamás pienso en lo maravilloso que es tener confianza en alguien. Otras veces he sido testigo de mentiras delante de mis propias narices y he callado y he mirado hacia otro lado, todo en nombre de un pretendido acto de “confianzamor”. Pero no lo era, era mentira.
Ahora todo es diferente y cuando voy a su casa miro todo lo hay en la casa que el habita, examino la comida de la nevera, la ropa de los cajones o de encima de la cama, las colecciones de libros, discos y DVDs. Ahora bebe leche semidesnatada y prefiere el café sólo sin azúcar. Viste siempre ropa cómoda y sus gustos literarios y musicales son exquisitos: un chico con el que me identifico.
Él me regalo mi “primer Auster”.
viernes, 30 de junio de 2006
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1 comentario:
Hoy si que nos has dejados solitas a nosotras ¡no trabajes tanto hombre!
Besos
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