Este libro me ha sobrecogido bastante. Por una parte el asesinato sobre el cual está basada toda la trama está expuesto de una manera detallada, me ha parecido casi cinematográfica. Sientes verdadero asco y odio hacia las personas capaces de perpetrar tanto horror. Por otra parte describe la espera de los presos a que la pena de muerte sea ejecutada. Pese a que páginas antes deseas que eso ocurra, después no estas tan conforme.
Párrafo de hoy: fragmento de la primera parte de libro cuando encuentran a la familia Clutter. (es largo pero merece la pena)
"Bueno, era una cosa horrenda. Aquella maravillosa jovencita... Me hubiera sido imposible reconocerla. Le habían disparado en la nuca, con el arma a pocos centímetros. Yacía sobre un costado, cara a la pared y la pared estaba tiene en sangre. La ropa de la cama la cubría hasta los hombros. El sheriff Robinson la destapó y vimos que llevaba puesto un albornoz, el pijama, calcetines y zapatillas, como si en el momento del hecho no se hubiese acostado aún. Tenía las manos atadas detrás de la espalda y los tobillos atados con una cuerda de las que se usan en las persianas de gradulux. El sheriff preguntó:
-¿Es ésta Nancy Clutter?
El nunca había visto a la joven anteriormente. Y yo contesté
-Sí, sí. Es Nancy
Salimos otra vez al corredor y miramos en derredor. Todas las demás puertas estaban cerradas. Abrimos una, era la del baño. Había algo raro allí. Decidió que sería la silla, una silla del comedor que parecía muy fuera de lugar en un baño. La puerta contigua..., estuvimos todos de acuerdo en que debía de ser la habitación de Kenyon. Estaba llena de cosas propias del muchacho. Reconocí las gafas de Kenyon en un estante para libros que había junto a la cama. Pero la cama estaba vacía aunque parecía como si alguien hubiera dormido en ella. Así que fuimos hasta el final del corredor y al abrir la última puerta encontramos, allí en su lecho, a la señora Clutter. La habían atado también. Pero de otra manera, con las manos por delante, de modo que daba la impresión de que estaba rezando y en una mano tenía, agarraba, un pañuelo. ¿O era un Kleenex? La cuerda que le rodeaba las muñecas le bajaba hasta los tobillos que tenía atados uno contra otro y de allí iba al pie de la cama, en una de cuyas patas había sido atada: un trabajo complicado y hábil.¡Pensar el tiempo que habría requerido! Y mientras la mujer allí, loca de terror... Bueno, pues llevaba puestas algunas joyas, dos anillos (y ésa es una de las tazones por las que yo siempre descarté el robo como motivo), una bata, camisón blanco y calcetines blancos. Le habían tapado la boca con cinta adhesiva pero como le dispararon a quemarropa a un lado de la cabeza, la explosión, el impacto, había desprendido violentamente la cinta adhesiva. Tenía los ojos abiertos. De par en par. Como si todavía estuviera viendo al asesino. Porque no pudo dejar de contemplarlo mientras estaría apuntándola. Nadie dijo nada. Estábamos demasiado aturdidos.
(...)
Así que lo seguimos abajo, al sótano, que se hubiera podido llamar cuarto de jugar. No estaba a oscuras, había unas ventanas que dejaba entrar la luz a raudales. Kenyon estaba en un rincón, echado sobre un diván. Le habían cerrado la boca con cinta adhesiva y estaba atado de pies y manos, como su madre: con aquel mismo complicado sistema de pasar la cuerda de las manos a los pies para terminar atada a un brazo del diván. En cierto modo es a él a quien recuerdo con mayor horror, a Kenyon. Quizá porque era el más reconocible, el que más se parecía a como era siempre, a pesar de que le hubieran disparado en la cara, de frente. Llevaba una camiseta y tejanos, iba descalzo, como si se hubiera vestido a toda prisa poniéndose lo primero que le viniera a mano. Tenía la cabeza apoyada en un par de almohadas colocadas allí como para facilitar el blanco.
El sheriff dijo al cabo de un momento:
-¿Adónde se va por allí?- indicando otra puerta del sótano.
Entró primero el sheriff, pero allí dentro no vimos nada hasta de Ewalt dio con el interruptor de la luz. Era el cuarto de la caldera, había mucho calor.(...) Bueno, yo di una ojeada a Clutter y me fue difícil mirarle por segunda vez. En seguida comprendí que simples disparos no podían justificar toda aquella sangre. Y no me equivocaba. Habían disparado contra él, desde luego, lo mismo que contra Kenyon, apuntándole el arma contra la cara. Pero probablemente estaba ya muerto. O por lo menos agonizando. Porque tenía, además, la garganta abierta de un tajo. Llevaba puesto un pijama a rayas y nada más. En la boca tenía cinta adhesiva que le daba una vuelta completa a la cabeza. Tenía los tobillos atados uno contra otro pero no las manos, o quizás había podido, sabe Dios cómo, a fuerza de rabia y dolor, cortar la cuerda que le ataba las manos."
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